NUESTRO INICIO
Hola, mi nombre es Sandra Rosell y soy la fundadora de esta tienda.
Todo comenzó el 4 de abril de 2023. En ese momento era mamá de un bebé de 8 meses y pasábamos todo el día juntos. Solo pensar que en algún momento tendría que volver a trabajar para otras personas, con horarios interminables y perdiéndome gran parte del tiempo con mi hijo, me resultaba muy difícil.
Siempre me movía bastante por redes sociales, especialmente en TikTok, y un día decidí probar suerte. Invertí un pequeño dinero en productos de belleza con una idea muy clara: intentar crear un trabajo que me permitiera trabajar desde casa, gestionar mis propios horarios y adaptarme a las necesidades de mi bebé.
Lo que ocurrió superó todas mis expectativas.
En uno de mis primeros directos se vendieron 54 perfumes en apenas 20 o 30 minutos. Fue emocionante… pero también un reto enorme. No tenía experiencia gestionando tantos pedidos ni sabía muy bien cómo organizar los envíos. Recuerdo perfectamente tener que escribir a mano cada paquete con su dirección, uno por uno. Me llevó muchísimo tiempo y en algún momento incluso me sentí desanimada.
No conocía a nadie que hiciera algo parecido ni tenía a alguien cercano que pudiera orientarme. Aun así, decidí seguir adelante.
El 8 de abril salieron mis primeros envíos. Estaba muy nerviosa, con una gran sensación de responsabilidad hacia cada uno de esos clientes que habían confiado en mí. Pero esa experiencia solo consiguió que tuviera más ganas todavía de hacerlo bien.
Cuando consigues algo por ti misma, la satisfacción es enorme.
Empecé a buscar compañías de envío para poder ofrecer mejores precios a mis clientes, ya que en los primeros pedidos los gastos habían sido más elevados. Ese mismo fin de semana monté mi primera tienda en casa: compré estanterías, amplié productos y realicé el alta como autónoma.
Me lancé.
Los primeros meses fueron muy duros. Trabajaba por la noche mientras mi bebé dormía. Muchas veces me quedaba hasta las 7 de la mañana preparando pedidos y vendiendo en directo. Quería que la gente viera todo el trabajo que hay detrás de un pedido online. Algo que para el cliente es cómodo y rápido, para quien está al otro lado puede ser muy sacrificado.
Pero merecía la pena.
Estaba trabajando en algo que me gustaba: asesorar a cada cliente de forma personalizada, ayudarles a encontrar lo que realmente necesitaban y ofrecer siempre la mejor atención posible.
Poco a poco fui reinvirtiendo en el negocio para mejorar el servicio:
- Implanté un programa de TPV para gestionar los pedidos
- Compré un escáner para importar productos al sistema
- Incorporé herramientas para imprimir tickets
- Creé mi primer catálogo
- Diseñé tarjetas de fidelización
- Añadí etiquetas propias para la ropa
Siempre me ha gustado cuidar a mis clientes, por eso empecé a incluir pequeños regalos en cada pedido, sin importar el importe.
Con el tiempo, mi casa empezó a llenarse de cajas, productos y pedidos. El salón y parte de los dormitorios se habían convertido prácticamente en un almacén.
La casa se me quedaba pequeña… y yo quería seguir creciendo.
Así que dimos un paso más: abrimos un local físico. Tenía ventajas y desventajas. Por un lado, mi hogar volvió a estar despejado; por otro, ya no podía aprovechar las horas de sueño de mi hijo para trabajar. Pero también me permitió establecer horarios y que el tiempo en casa con él fuera realmente de calidad.
Y el último gran paso ha sido crear nuestra propia página web, para poder llegar a más personas y seguir creciendo.
Este proyecto empezó con una idea sencilla: poder trabajar sin renunciar a ver crecer a mi hijo. Hoy sigue creciendo gracias a la confianza de todos vosotros.
Gracias por formar parte de esta historia.
Seguiremos avanzando. Lo prometo.